Un motorista no es un tipo que va en moto. Se
necesita mucho más.
La primera es, tener ganas de ir en moto. La
segunda es saber cómo funciona aquello en lo que vas sentado.
La verdad es que hay pocos motoristas y mucha gente
que va en moto.
Yo he de reconocer que empecé como uno de éstos
últimos. De pequeñito sólo tenia ojos para los coches y cuando tuve edad y
dinero, me saqué el carnet y me compré un destartalado 2 CV de segunda mano,
para disfrutar “de las delicias y sensaciones de la conducción”. El primer día
me fui a trabajar con él. Al centro de Barcelona.
Conseguí llegar tarde, totalmente estresado y una
multa por mal aparcamiento.
Así que después de seguir utilizando el metro me
compré un ciclomotor. ¡Sorpresa! ¡Eso sí que era libertad!
Así que ya veis. Empecé como “un tipo que va en
moto”. Pero pronto aprendí. Y para eso se necesita interés.
Tras 8 motos y 400.000 km sobre dos ruedas
motorizadas, en esos prodigios del equilibrio dinámico, creo que me puedo
permitir opinar sobre el tema.
La mayoría de esos “tipos en moto” todavía no se
han enterado que lo único en común que tienen un coche y una moto es que
circulan por las mismas carreteras. Muchos parece que sigan buscando el freno
de mano al aparcar.
Actualmente, parte de la culpa la tienen nuestros
legisladores, que decidieron, sin otro motivo aparente que el que les dictó sus
partes blandas, regalar el carnet de moto, hasta 125 cc. a cualquiera que
tuviese carnet de coche. Eso que ya existía hace más de 40 años y que fue
eliminado por motivos que incluían el sentido común. Y eso que entonces las
motos corrían menos.
Así que coja usted a un novato con el carnet de
coche recién obtenido, súbalo a una moto que desconoce (no solo la moto, si no
su manejo), póngalo en una autopista a 120 km/h. y ya tiene usted a un
ciudadano feliz, dentro de la legalidad, y que se supone que no es un peligro
para nadie. Ni siquiera para si mismo.
Eso sí. No vaya usted a adelantarle a 140, porque
el peligroso es usted, aunque lleve 40 años de experiencia a la espalda.
Podría hacer bastantes comentarios sobre esos
motousuarios, pero me centraré en tres:
Primero su forma de frenar. Muchos de ellos,
comprobaron, en la bici, que si se frenaba con la rueda de atrás y se
bloqueaba, te dabas un sustillo pero no pasaba nada, mientras que con la de
delante corrías riesgo de salir por encima de ella.
Pero una moto no es una bici. Y frenando así, no
consigues ni el 10 % de la capacidad de frenada. Y lo de ir resbalando con la
rueda de atrás se va complicando cuanto más pesa la moto.
Segundo, su forma de tomar las curvas.
Para tomar las curvas hay que inclinarse. Si uno no
se inclina, no hay curva. Es la manera que dice la física que hay que
contrarrestar la fuerza centrífuga, con otra contraria. Que en este caso es la
gravedad. Eso supone meter peso hacia el interior. No vale inclinar la moto y
quedarse uno derecho (Uy, uy, uy, que miedo). Lo único que conseguimos es que
la moto apoye mal el neumático en el suelo, en un punto que está pensado para
funcionar de otra forma.
Tercero, y más grave, lo de la “patita en el
suelo”.
Para tener estabilidad y control en la moto hay que
ser “uno solo” con ella. Es decir, se tiene que ser un único "ente", un solo ser. Para ello, no es que
tengamos que ir agarrados como un monito a su madre, pero casi. Cuanta más
parte de nuestro cuerpo vaya suelta, peor. Y si tenemos en cuenta, que casi la
mitad de nuestro peso pertenece a las piernas, imagina lo que supone llevar una
(o peor dos) pierna colgando fuera del estribo correspondiente. Cada frenada
produce una inercia en dicha extremidad que la impulsa hacia delante. Además si
es una sola, el efecto es asimétrico. Ves sumando.
Supongo que ese vicio, que se agrava en los
usuarios de scooters sencillos (cuya estabilidad, además, es menor) empieza con
la inseguridad del principiante, y se agrava con las malas costumbres.
A lo mejor alguno ha visto la imagen de los
corredores de moto-cross, al tomar una curva. Pero es eso. Moto-cross y en
curva. A muy poca velocidad y con unas botas dignas de Mad-Max.
Pensad bien lo que puede pasar, poniendo un pié,
firmemente en el suelo, a una velocidad por encima de los 30 km/h. El frenazo
brusco de la pierna que empujará la moto hacia ese lado, con el consiguiente
latigazo, y sin que la moto tenga la inclinación adecuada para absorber ese
giro. El golpe que se lleva el conjunto
zapato-pie-tobillo-pierna-rodilla-cadera. Como se ve, a poco que se piense, un
instinto muy poco saludable.
Ahora, empieza el calor, y ya he visto a uno, a
todo trapo, con su scooter, con el pie a un centímetro del suelo, ¡con
chanclas! Yo me iba imaginando, si el tipo bajase instintivamente el pie, por
cualquier susto, donde iba a acabar la chancla y cómo le iba a quedar la planta
del pie.
Esta gente no tiene piernas, tiene patas, ya que
son unos auténticos “patosos”

