viernes, 29 de agosto de 2014

Desconstruir


Según una definición de Arturo Pérez-Reverte Gilipoyas (realmente se escribe Gilypollas, ya os lo contaré otra ocasión) es aquel tipo que es tonto, que no sabe que lo es, y que, además, se piensa que es listo.
Debido a ese cúmulo de propiedades, es gilipoyas tiene una cierta tendencia a presumir de su sabiduría, con lo cual es más fácil que haga ver a los demás su gilipoyez, que otros tontos vulgares.
En Barcelona, hace ya 22 años, que se dice pronto, hubo olimpiadas. Eso supuso la trasformación urbanística de la ciudad más importante en cincuenta años. Y se hicieron infinidad de actuaciones. Unas salieron mejor que otras y algunas se quedaron, supongo que con las prisas, algo cojas.
Que las Rondas no tengan arcenes es todo un problema. Y que la Ronda Litoral solo tenga dos carriles; un problemón.
Entre otras pifias, se construyó un núcleo de circulación elevado, con forma de tambor, en la confluencia de la Avenida Diagonal con la Granvía. Ese punto nunca estuvo bien solucionado, ya que es la salida natural de Barcelona hacia el norte. El nombre le pega; Plaza de las Glórias.
Lo que se hizo no solucionó el problema circulatorio, pero creó una barrera importante en medio esa parte de la ciudad. No voy a explicar aquí el resultado, para quien no lo conozca, pero imaginaros el centro de esa zona que pretendía ser un jardín, metido en una especie de plaza de toros, pero más pequeña y mucho más alta.
Todo esto a costa de un pequeño parque que, aunque no fuese una maravilla, bien solucionaba la oxigenación de los vecinos.
El lugar que además quedó rodeado de carriles de tráfico y al que era difícil entrar, acabó siendo escondrijo de drogatas y gente que dejaba hacer sus “cositas” al perro.
Así pues, el susodicho esperpento tenía las horas contadas hace años. Que yo sepa es una de las primeras obras “olímpicas” en desaparecer.
Pero aquí vienen los políticos y sus inventos.
Aunque la obra cueste un martirio de demoler, con sus miles de toneladas de hormigón y acero, siendo machacadas poco a poco por unos cuantos dinosaurios metálicos, la cosa debe parecer, de cara al sufrido ciudadano, una nimiedad que cuesta cuatro chavos y se hace en nada. Ya sabemos que llevamos varios meses de obras, con cambio de tráfico todos los días, y con los miles de octavillas que se repartieron en mano entre los conductores en esa zona, para que el desconcierto fuese menor.
Pues nada. la obra no se demolerá. Se desmontará. Bueno. Como eso no es exactamente así, se “desconstruirá”. Bonito término inventado, sacado de alguna receta de Ferrán Adrià.
Me gustaría saber quien es el técnico municipal, o político de turno que inventó el esperpento.
Me gustaría poder colgarle a la espalda un cartel que pusiera algo así como “Gilipoyas desconstruido”.
¡Dios mío! ¡Si es que estamos en manos de “tontoslhaba”!

domingo, 24 de agosto de 2014

El Mundial

Escribo este blog tarde. Unos dos meses.
La verdad es que me reí mucho de la desgracia ajena. Desgracia voluntaria y de tontolhabas.
De aquella gente cuya vida tiene su centro en el fútbol y que le da más importancia a que su equipo gane que el hecho de que le suban el sueldo.
Pasó hace cuatro años. El equipo de España ganó el mundial de fútbol. (No he dicho; España ganó el mundial de fútbol). Y muchos, muchísimos, sacaron pecho. Como si ellos tuviesen que ver con el suceso. Bueno, algo sí. Con el montón de dinero de su bolsillo que se gastan en comprar entradas y chupar publicidad en los partidos retrasmitidos por la tele, algo ayudaron a pagar esos astronómicos sueldos de esos señores, con poca cultura, pero maravillosos malabaristas con los pies.
Y es que no podía ser de otra manera “¡Si es que tenemos la mejor liga del mundo, con los mejores equipos!”. Claro que nadie se acuerda que la mayoría de equipos punteros están llenos de jugadores extranjeros, y esos juegan para otros países.
Pero el hecho es que sucedió y eso era solo el principio de una larga sucesión de éxitos que el futuro nos iba a preparar.
La fórmula era muy española. Si algo ha funcionado; ¡no lo toques! Coge al mismo entrenador, a los mismos jugadores (cuatro años más viejos), la misma táctica y… ¡a ganar!
Todas las empresas se apuntaron al carro ganador. Publicidad en las bebidas, en la tele, en los fideos…
Pero pasó lo que tenía que pasar.
Estaba yo dando una vuelta por un paseo marítimo cuando me cerqué a una de las múltiples pantallas enormes que los bares y restaurantes de la zona tenían colocadas para deleite de aficionados y desespero de los que no lo somos. Y allí estaba. “La roja”, la de verdad (los chilenos llevan llamando así a su selección desde mucho antes de que nuestros periodistas empezaran a llamar así a la nuestra) le estaba dando “extrañamente” una lección de fútbol a los nuestros, de las de enmarcar. Y los forofos, vestiditos de rojo y con bufandas (en pleno mes de junio) abriendo la boca como besugos.
Poco duró la fiesta.
Quizá sea un poco cínico, pero me encanta que la vida de lecciones a los prepotentes.

Una lección de humildad, de vez en cuando, nos va bien a todos. Pero algunos la necesitan mucho.

domingo, 1 de junio de 2014

PPs

¡Este tío es tonto! Por decirlo de una manera suave. Me refiero al tal Cañete.
Es norma habitual entre los políticos ver los resultados electorales con gafas de color de rosa.
Hasta ahora siempre le veían el lado bueno; Hemos mejorado con respecto a las últimas…, La diferencia con nuestro contrincante directo se ha reducido…, Hemos mejorado nuestros votos en Navalcarnero….
Pero el Cañete este, presumiendo de que han ganado, después del palo que les han dado, es de subnormalito profundo.
Sí. Han ganado. ¿A quien? ¿Al PSOE? ¡Pero si esos han perdido solos! ¡Si hace tiempo que están en la UCI! Por lo menos ellos saben que están fatal. Que lo tienen muy duro.
Estos del PSOE han reconocido la debacle. Lo malo es que no tienen ni idea de que hacer. Siguen anclados a viejas fórmulas que ya poco tienen que ver con el País. Van a darle la vuelta al calcetín, harán sus primarias, sus congresos, sus cenitas. Pero como no saldrán de sus despachos y no mirarán cual es la sociedad en que viven, poco mejorarán.
Los del PP viven en su castillo, no tienen ni P.. idea de lo que pasa fuera y no se han enterado de que toda aquella gente que dejó de votar (porque ya tanto les da que les roben los unos que lo hagan los otros) han visto en los de Podemos, otra vía en la que poner sus esperanzas.
Así que es como si, Rafa Nadal, le ganase un partido a mi abuela y se pusiese tan contento como ganando el Roland Garros. Patético.
Y por si no se han enterado de lo que pasa en Catalunya, será cuestión de que dejen de hablar del “Devaneo nacionalista de Artur Mas”. Y darse cuenta que los que han ganado (Esquerra Republicana) son el partido independentista de toda la vida, y que CiU se apuntó al carro solo después del 11 de septiembre del 2012 y de que Rajoy le diese con la puerta en las narices.
Pues nada muchachos, seguid contentos con vuestro triunfo.

Que quien no se consuela es porque no quiere.

domingo, 18 de mayo de 2014

Copilotos

Siempre he despreciado los eufemismos. También la falta de imaginación, las descripciones incorrectas o mal traducidas del inglés y las pifias que muchos periodistas y políticos incultos nos inculcan desde la tele. El problema es que, mal que nos pese, somos un país de incultos (e incultas, ¡toma!) y entramos a saco al capote que nos ponen delante de los morros, y hacemos nuestra la incultura del momento.
¿Sabéis lo que es un piloto? Aquí todo el mundo ha dicho ¡Siiiii! Uno se ha imaginado, la fórmula 1, o una carrera de motos, o el comandante de un avión, o el último rallye que pusieron en teledeporte. Hasta aquí vamos bien.
¿Y un copiloto? Bueno, aquí cuesta un poquito más, pero quien más quien menos, se hace una imagen de aquel tipo, vestido igual que el piloto y que va sentado a su lado para echarle una manita y ayudar a que todo vaya lo mejor posible en lo que sea que esté haciendo el piloto. Un copiloto no es un peso muerto. Es alguien que tiene una función activa y de cooperación. Nunca es un tipo que va durmiendo al lado, o disfrutando del paisaje.
Lo principal es que para haber co-piloto, debe haber un piloto.
Primera puntualización; Desde las diversas instituciones que controlan el tráfico se nos insiste, machaconamente, que la carretera no es un circuito de carreras, que lo de correr es para otros. Expertos y profesionales "pilotos" que se juegan la vida, aunque controladamente, en circuitos  muy preparados y seguros, con vehículos sofisticados, y que es de locos intentar imitarlos. Por nuestra salud y por nuestro bolsillo.
Pues es en este escenario que, de repente y sin que nadie haya pedido la titulación, aparece la figura del "copiloto de utilitario". Efectivamente, cada vez hay más lugares en que se ve esa denominación.
La primera vez que vi ese apelativo fue en los carteles de las autopistas catalanas; "Copiloto; evite las distracciones". ¿Eso qué quiere decir? ¿Deja tranquilo a el conductor y no le estés comiendo el coco, que ya tiene bastante con conducir e ir buscando radares?
Ahora es una marca de coches que dice que el copiloto siempre cambia la canción de la radio cada tres segundos (o sea que va haciendo lo contrario que dicen los carteles).
A partir de ahora, a cualquiera que se siente en el asiento delantero izquierdo, le tocará trabajar intensa y discretamente para conseguir el ansiado propósito de llegar a nuestro destino más.... ¿qué?
¡Qué tiempos aquellos que nuestra prudente madre (que no tenía ni idea de leer un mapa ni conducir) aleccionaba pesadamente a nuestro padre "¡No corras, que no tenemos prisa!". Y eso lo decía en aquel 600, con baca, abarrotado de trastos, que no pasaba de 80 km/h, en un viaje vacacional al pueblo, que duraría no menos de dos días.
Bueno. Pues, o fastidiamos el idioma y nos ponemos medallas para presumir, o en adelante, al pasajero se le acabó el vaguear perezosamente. A partir de ahora le toca hacerse cargo de la radio o MP3, del GPS, del móvil, de la guía turística, de la conexión a internet, de los caramelos, bebidas y bocadillos, y de ir avisando de cualquier movimiento extraño de otros usuarios de la carretera, así como avisar de si el "no-piloto" se olvida de las luces, el ESP, o de comprobar la temperatura exterior (por si el hielo).

No sé. Quizá yo os aconsejaría dejar al "no-piloto" tranquilo e ir sentados detrás. Así sin copiloto.....

Santo, santo...

"Habemus sanctum".
Como toda la gente de mi generación fui educado en la sacrosanta ideología cristiana. Con colegio cristiano-fascista de misa diaria a las 8 de la mañana. Bautizo, confirmación, comunión, monaguillo a la fuerza.... Un impoluto cerebro limpio y bienpensante, que corria a confesarse, cada vez que mi mano se acercaba a las ingles sin tener que sujetarla para mear. ¡Menos mal que después de  la adolescencia me volví a ensuciar el cerebro con algunas ideas progresistas!, una vez iniciada la universidad.
 Toda mi vida adulta ha transcurrido paralela al pontificado de Juan Pablo II, después de la fugaz, y por eso sospechosamente truncada, época de su predecesor; Juan Pablo I.
Por tanto, no me ha quedado otro remedio que enterarme, y a la fuerza, de toda su ideología.
Siempre he tenido la convicción de que ese personaje estaba fuera de época. Encajaba mejor en otro tiempo. Digamos, la edad media. Y quizá echaba un poquito de menos esa cruz que llevamos durante siglos en este país, llamada Inquisición.
En efecto. Este Papa era bastante más reaccionario que los anteriores. No era un paso atrás. Era una carrera en dirección contraria a la que va el mundo occidental.
A menudo nos escandaliza lo que está pasando con los extremismos musulmanes. Más nos debería preocupar con los de nuestros dirigentes "espirituales". ¿En qué mundo viven? ¿De qué siglo es Rouco Varela?
Pues en estas, inmersos en un afán de reclutar nuevos adeptos entre las nuevas generaciones (generaciones, que quieran o no van hacia adelante, "a toda hostia") la Iglesia Católica tiene la brillante idea de hacer santo a este hombre. Y además se ha dado toda la prisa del mundo. En los últimos siglos no se había santificado a nadie con tanta celeridad. Han aprovechado para santificar a Juan XXIII, lo cual es un agravio comparativo. No conozco tanto la vida de este último, pero si me consta su buena fama. Solo han tardado 10 veces más en hacerlo santo que al Wojtyla.
Para ser santo, se supone que debe haber realizado nosecuantos milagros, o haberse cumplido bajo su invocación. Eso es fácil. Actualmente, en este país, se producen muchos milagros. ¿O no lo es llegar a fin de mes a la mitad de la población?
Pues nada. Clero en general. Seguid a lo vuestro, a vuestra bola. En ese mundo irreal donde vivís. Pero luego no me pidáis que marque vuestra crucecita en mi declaración de la renta.

De todos modos no hacéis otra cosa de creeros al pie de la letra lo que decía vuestro jefe, con aquello de; "Mi reino no es de este mundo..."